Un hombre llamado Marx (el mejor de los dos :-). En la página 11 del n.1 (Dylan aparece en la siguiente página, siendo esto un indicio de la importancia del personaje) "El alba de los muertos vivientes", un tipo bigotudo con la cara inolvidable de Groucho Marx, asoma la cabeza por la puerta y dice "¿Si?". Una de las pocas ocurrencias sensatas en su vida de historieta, pero se recupera pronto y no parará jamás
En el típico estilo humorístico de Tiziano Sclavi, basado en chistes, sin sentidos y juegos de palabras y sobre un principio cómico basado en la inversión de las expectativas, el tipo bigotudo igual a Groucho Marx roba el nombre al mejor de los Marx y resulta desde un inicio, algo más que un regalo divertido en las intrigas. Sclavi acierta desde la fase de construcción, con otro trazo fundamental de la saga; Groucho es desde un comienzo, uno de los motivos por el cuál vale la pena comprar DD; para algunos es El motivo primordial, como bien ilustra el corte "grouchista" de las cartas a la redacción. Groucho no es un personaje (de él sólo se sabe que es un ex-actor cómico que recientemente Dylan ha encontrado durante una manifestación pública), es sólo una función humorística ( a veces narrativa, por ejemplo, cuando salva a Dylan), todos saben que Groucho no es real, que es otra de las magias de Dylan Dog, y está bien así, aunque a la larga, su gestión resulta un problema para los escenaristas...
(c) 1988 Castelli
El otro Dylan: Tiziano Sclavi... Sclavi es sin ninguna duda, un autor. Autor en su acepción creativa, como artista que inventa y en su invención traslada su personalidad a sus própias creaciones. Si Dylan es una historieta de autor (con todas las ambigüedades de tal definición), lo es no porque sus historias sean bellas, sino porque las historias llevan la marca inconfundible de su creador y resultan inmediatamente reconocibles por su estilo, temática, ritmo, ubicación, personajes. Tiziano Sclavi, como sabe quién conoce aunque brevemente su biografía, ha causado un gran efecto en Bonelli con otras séries, Zagor, Kerry el trampero y Myster No, sobretodo. Es precisamente en las histórias del piloto del Amazonas, Jerry Drake, escritas por él, donde es más evidente la opción estilística que en Dylan podrá luego expresar con el máximo grado de personalización y libertad. La llegada de Dylan Dog a los kioskos, golpea al público con la potencia de una maza; su ambientación es triunfal, pero los escenarios firmados por Sclavi son casi todos unas pequeñas joyas. Un corte cinematográfico e ingenioso en los diálogos, gran ritmo en el enfoque de las viñetas, juegos de citaciones que cosquillean al más experto de los lectores, textos de apoyo abolidos (¡era 1986!) salvo en monólogos internos, letanías necrófilas que acompañan a muchos episodios en un "crescendo" angustioso, personajes tiernos, extravagantes o delirantes pero siempre vivos y jamás descuidados, el valor de resolver intrigas que son como infinitos juegos de "cajas chinas" ("Morgana" y "Historia de nadie", entre otras).
... y sus numerosas magias. Dylan no es una serie progresiva. El retorno recurrente y ocasional de ciertos personajes, es totalmente episódico. En el siguiente número, cada mes, se hace tabla rasa de los sucesos anteriores. Tal vez el número del debut es uno de los pocos cuya trama continúa (si bien de modo bastante oscuro) en historias sucesivas, creando un mini-filón familiar/edípico, que halla una conclusión en el n.100. La magia de Dylan Dog no se encuentra en esta saga. La magia empieza a brotar de la pluma de Sclavi enseguida, y no se detendrá durante años. "El fantasma de Anna Never", "Alfa y Omega", "Memorias del invisible", "Morgana", "Después de Medianoche", "Gran Guiñol", "La casa de los hombres perdidos", "El largo adiós", "Johnny Freak" (sea loado también el habilísimo Mauro Marcheselli), son otras tantas obras maestras que entran en el corazón de los lectores y en la historia de la historieta italiana. Otra historias (no todas de Sclavi) como "Goblin", "Caza de brujas", "Doktor Terror", "Más allá de la muerte", el reciente número del décimo aniversario, traen a la historieta popular de kiosko, con gran fuerza, temas sociales que consagran a Dylan Dog como una serie que sabe hablar en un lenguaje mucho más poderoso que el del horror, en el que podía haber sido confinado.
Pasado, presente, futuro. Para los aficionados desde el primer día, los incondicionales, para muchos de ellos Dylan ya está muerto. Sin embargo es la historieta que se compra aún, por costumbre o por coleccionismo; pero para aquellos, Dylan ha dado ya todo de si, y el de hoy es una tenue sombra de la obra maestra que fué. El que os escribe no es tan drástico, si bien una opción como la de Neil Gaiman para su Sandman (acabar con el n.75, porque los estímulos estaban agotados), no habría sido una mala idea para una serie como DD. Está claro que al editor, una idea de este tipo le parece como una blasfemia que no se llevará a cabo, ciertamente. El pozo al que recurrir para la temática de una historieta como Dylan, sin duda no es inagotable (a diferencia de otras series como Zagor o Nathan Never, por ejemplo); muchas situaciones (serial killer, monstruos deformes, transformaciones buenos/malos, la relación vida/muerte/no-vida...) han sido ya repetidas demasiadas veces y empiezan a oler a rancio. Sin embargo, el personaje, las comparsas, las posibles ambientaciones, tienen tanto hechizo y tanta potencialidad que hacen pensar en nuevas historias de absoluto valor. Historias distintas en su hechura, quizás sin la "poesía" que ha construido el mito Dylan, quizás menos "vanguardistas" y más rigurosas, historias por tanto para ser leídas sin prejuicios de valor ante un descenso de la serie, totalmente opinable. Hemos visto pasar historias óptimas como "La cárcel de papel" o "Hasta que la muerte no nos separe" y muchos se han encogido de hombros. La duda que me acosa es que , tal vez no es tanto (o no sólo) la calidad que haya bajado, sino la capacidad de asombrarse, de emocionarse, de entusiasmarse de los lectores que eran adolescentes, y ahora son hombres. También yo, a los 17, estaba embelesado por cosas que ahora veo, de nuevo, con mucha suficiencia....
